Parece que han pasado siglos desde que comentábamos en este blog el primer libro de Laura Norton, No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, una novela de título contundente que a muchas nos llamó la atención desde el principio, que causó sensación entre las lectoras, y que en mí, desafortunadamente, no hizo mucha mella. A ver, fue una lectura amena, compulsiva incluso, pero tampoco supuso para mi un gran descubrimiento. Qué le vamos a hacer…

Fuen una novela que pasó por mi vida sin pena y sin gloria, la verdad, y aunque conozco a personas que fliparon en colores leyéndola, lo que menos me hubiera imaginado, en la vida, es que hubiera pegado tal pelotazo que estuvieran preparando ¡su adaptación al cine! ¡y con Clara Lago de protagonista, nada menos! Y ahí es cuando me pregunté a mí misma, a mí misma internamente: ¿Pues no será que me he perdido algo?

Por eso, cuando se me presentó la oportunidad de leer Gente que viene y bah, el segundo libro de Laura Norton, no me lo pensé dos veces, aunque no sabía muy bien qué me iba a encontrar. Como sabéis, más de una vez me he tropezado con auténticos bestsellers que cautivan a medio mundo y que yo, tristemente, solo termino por orgullo. ¿Y si me pasaba lo mismo con Laura Norton? Además, segundas oportunidades nunca fueron buenas, ¿no?

Pues bien, si algún día os lo vuelvo a preguntar. ¡Decidme que sí! ¡Que algunas son buenas! Porque menos mal que le di esa second chance a los libros de Norton, ¡me ha encantado! No me ha durado en las manos ni 48 horas, y no es porque sea una novela breve, que no lo es, es que no he podido parar de leer. Creo que hasta he soñado con ella y con sus personajes. Por eso, va de cabeza a la sección Libros que enganchan.

Una de mas cosas que más me ha gustado, ya que es algo difícil de lograr y por lo que la recomendaré siempre, es que me he reído mucho, muchísimo, con la novela. No solo son las situaciones en las que se ve inmersa la protagonista, que son de traca, sino también las ocurrencias que tiene. Recuerdo que, en la sinopsis de No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas se hacía mucho hincapié en lo desternillante que era. También, recuerdo que, aunque reconozco que me pareció gracioso, no llegó a provocarme la carcajada. A ver, que reconozco que a veces es difícil provocármela, pero es que con Gente que viene y bah no solo las he tenido constantemente, es que a veces me he tenido que parar, de la gracia que me hacía todo.

Supongo que la clave del éxito, en esto del humor, está en que la protagonista da pie a situaciones que se mueven entre el bochorno y la absurdez, muy surrealistas en su mayoría, pero que le pueden ocurrir a cualquiera, por lo menos a mí, por lo que te identificas con ella y la puedes llegar a entender. Hay autores que, con el objeto de que sean graciosas, crean a heroínas tan alocadas y sacadas de tiesto que consiguen el efecto contrario… que lleguemos a odiarlas y a pensar en ellas como auténticas taradas que, más que en una novela, deberían estar en un frenopático. No son reales.

En cambio, Bea, la protagonista de Gente que viene y bah no es una descerebrada. A ver, está algo trastornadilla (¡es que si no, no habría novela!) pero no es nada cargante, ni pesada, ni niñata… ¡Cae bien! Y eso se agradece… Y el prota tampoco está nada mal. Es uno de esos tipo-Señor-Darcy, distante, serio y comedido, pero un melocotoncito en dulce en las distancias cortas.

Quizás me ha descolocado un poco el final. No porque termine mal, que no lo hace; o porque no termine, gracias a dios que no es eso; es porque me ha resultado un tanto descafeinado. Descafeinado en el sentido de primera parte de una saga. De hecho, he tenido que revisar concienzudamente la contraportada en busca de información, y no decía nada al respecto. Así que tendremos que vivir con ello.

En fin, que entre un libro y otro, Laura Norton ha dado un salto descomunal en su progresión como escritora. Por lo menos, para mi. El gran sentido del humor que derrocha cada una de las páginas de Gente que viene y bah, y esa incontinencia textual tan creativa que se gasta, la sitúan muy en la línea de mi admirada Elísabet Benavent. Eso sí, no le hubiera venido nada mal algún toque más de tema erótico-festivo a la novela. Pero eso es porque soy un poco especialita, y estoy muy mal acostumbrada.

¡Pues nada! Me quedo con muchas ganas de leer más trabajos de la autora y de ver la adaptación de esta desternillante novela en el cine (¡seguro que nos reiremos de lo lindo!) ya que se han comprado los derechos para llevarla, también, a la gran pantalla. Y vosotras, ¿qué? ¿os animáis?