Juro por lo más sagrado que, después de terminar Flower. Un amor intenso de Elisabeth Craft y Shea Olsen, me niego a volver a leer ningún libro más sobre chicos malotes. De hecho, ya había tomado la decisión hace bastantes meses, pero confieso que he sido débil. Sí, otra vez. En cuanto vi, en la sinopsis del libro, las palabras estrella del rock fui de cabeza a por él, obviando, por supuesto, que se trataría de una novela facilona, que me engancharía muchísim0 y que, después de leerla, me dejaría exactamente igual. Después de quinientas mil peleas, y sus consiguientes reconciliaciones, los libros de chicos malotes siempre terminan igual: aburriendo. Entre que ellos suelen estar tocados de ala y que ellas resultan más ñoñas que un algodón de azúcar, todo se reduce a interminables tira y afloja que sirven, básicamente, para que el libro tenga más páginas. Ya estoy más que escarmentada… Nunca más.

Como todas las de su género, Flower. Un amor intenso, es una novela que engancha muchísimo, pero desde un punto tan artificial que hasta da coraje. ¡Y es que no llega a pasar nada! ¿Amor intenso? ¡Por favor! ¡Si a lo máximo que llegan es a meterse mano! Sí, que le cuesta ponerse de acuerdo a los chavales. Sí, que el estado de ánimo del protagonista tiene más movimiento que una veleta en Tarifa, pues también. Pero, a parte de eso, poco más hay. Mucho postergar, mucho ahora te quiero, mañana no, y mucho arrastrarse hasta niveles cucarachiles. Sí, me he inventado la palabra.

Y es que, de una manera muy sutil y taimada, me ha parecido una de las novelas más machistas que he tenido la oportunidad de leer. Lo peor de todo es que se trata de una novela encaminada a un público joven que, quizás, entienda que las cosas, en el amor, deben ser así… Eso de que el chico deba llevar el control de la relación hasta tal punto de que la chica tenga que contener su sexualidad… ¡Me hierve la sangre! Vale que a algunas nos gusta ir poquito a poco, pero, cuando estamos preparadas, estamos preparadas… ¡Leche! ¡Qué ganas de mostrar a los tíos en tono paternalista, como si fuéramos tontas y no pudiéramos disfrutar como queramos y cuanto queramos! ¡Hay que esperar! Es lo mejor para ti… Dice el susodicho cada vez que ella se le acerca con ganas de mambo. ¡Anda, hombre! ¡A otra con ese cuento! ¡Sabremos nosotras, perfectísimamente, cuando es el momento!

Siguiendo con el tema del machismo, también es destacable la visión tan del pleistoceno que se basa en que para ser la primera mujer de la famila en ir a la universidad hay que dejar de ser niña, adolescente o mujer, y olvidarte, por supuesto, de tu sexualidad, como si no se pudiera ser lista y tener novio o acostarte, al mismo tiempo, con medio equipo de fútbol americano. ¡Caspa! ¡Caspa! ¡Muy casposo!

Pensaréis que soy un poco exagerada y que le saco punta a una novela ligerita que, sin duda, ni siquiera debería haber leído por mi edad. Sin embargo, eso es lo que me da más coraje, que esta novela no va dirigida a alguien como yo que, en la vida, se identificará con la protagonista y que, con total seguridad, no se enamorará del galanazo; va dirigida a jovencitas que apenas estarán empezando sus vidas amorosas y que, posiblemente, quieran experimentar “un amor intenso”, como si el amor que se narra en Flower. Un amor intenso fuera romántico, verdadero o único.  De verdad, hay tantos libros románticos juveniles bonitos…

En fin… Durante gran parte del tiempo, pensaba que me encontraba ante una de las novelas más machistas que había llegado a leer y, aunque en algunos momento tuve la esperanza de que terminara de una manera menos convencional que, de alguna forma, la salvaría, acabó de la forma más tonta — y arrastrada — que podría imaginar. En ese punto, me dio por pensar qué sentido tenía que, nada más ni menos que, dos autoras escribieran una novela de este tipo. ¿Es una novela para que las jovencitas pasen de los chicos malotes que las torean y le pegan palos hasta en el cielo de la boca? ¿O es una novela para que éstas vivan su vida como quieran a pesar de que a veces no es muy inteligente hacerlo así? No lo sé. Siempre he dicho que la novela juvenil, además de encandilar, tiene otra misión que es la de educar, la de crear consciencia. ¿Qué nos enseña Flower. Un amor intenso? ¿Haz lo que quieras, aunque sea estar con un tío que te trata mal?

Vuelvo a repetir, hay tantos libros juveniles románticos y  bonitos… Aquí os dejo una lista con algunos. Dejad de leer tonterías.