El piso mil de Katharine McGee es un libro al que le tenía echado el ojo desde hace bastante tiempo, aunque no ha sido hasta hace unos días cuando, finalmente, decidí hincarle el diente. Me llamaba muchísimo la atención su portada art déco, y el comienzo de la novela también presagiaba lo mejor: una chica caía, misteriosamente, desde una torre de mil pisos. En su caída, todo lo que la rodeaba era misterio, glamour y fascinación.

Ainss… Como os digo hasta la saciedad, y como intento recordarme siempre sin éxito, las portadas suelen engañar. ¿Qué esperaba yo encontrar en este libro de Katharine McGee? Años veinte o treinta, un asesinato a lo Agatha Christie, secretos oscuros que salían a la luz… Sin duda, todo lo contrario a lo que he podido encontrar en El piso mil.

El piso mil es el primer libro de una saga distópica, esencialmente juvenil, donde adolescentes de diferentes clases sociales convergen y divergen de manera más o menos interesante en el escenario de sociedad férreamente estructurada. Quizás esto sea lo más destacable de la novela; la original visión que proyecta McGee acerca de la futurible sociedad del año 2118, donde las personas se estratifican en torno a una megatorre de 1000 pisos. En la Torre, tu nivel social es proporcional a la altura en donde residas dentro de ella, al igual que el bienestar y los grandes adelantos tecnológicos, que solo llegan a los encumbrados o las familias ricas que coronan los apartamentos o mansiones de las partes más altas.

Sin embargo, aunque la visión futurista no está nada mal — además hay que decir la forma de escribir de McGee no está del todo mal — lo cierto es que la novela no deja de ser una versión distópica de Gossip Girl, serie de televisión que, particularmente, seguí mucho en su momento pero que, al final, pasado un tiempo, dejó de interesarme por rondar siempre sobre lo mismo: niñas ricas que se enamoran de chicos más pobres y viceversa; padres que pasan de sus hijos; problemas con las drogas y el alcohol que no son inherentes a una determinada clase, y algún que otro drama en las altas esferas que se intenta tapar a como de lugar.

En definitiva, aunque, como digo, el concepto distópico es bastante original, todo se diluye un poco por la trama un tanto teen y novelesca que se traen los personajes. Creo que le resta transcendencia a la novela, haciendo que ésta pierda bastante fuelle.

En fin, quizás no es mi momento con esta saga o, a lo mejor, ya tengo el tema demasiado visto. La novela, en sí, no es para nada mala y, como digo, es bastante original. Sin embargo, supongo que no era lo que esperaba. Creo que no seguiré con la segunda parte… Esperaré a que me la contéis vosotros, si la continuáis, si le dais una oportunidad…