El circo de la noche de Erin Morgenstern es uno de esos libros que empiezas a leer sin motivo aparente. Creo que mientras cotilleaba en Goodreads cuando apareció, y decidí que tenía buena pinta. Todo el mundo lo ponía por las nubes y, supuestamente, era un best-seller de renombre mundial. Por extraño que parezca, yo, que siempre suelo estar al día con este tipo de cosas, ni lo había oído mencionar…

De todas formas, el libro no las tenía todas consigo. La portada me recordaba mucho a la de la Mecánica del corazón de Mathias Malzieu — un libro con el que, confieso, no pude avanzar más allá de la décima página —, y, la verdad, es que era un detalle que me daba cierto respeto. Sin embargo, como digo, las críticas eran tan buenas que, al final, me olvidé de portada, de Malzieu y de todo lo demás, y me tiré a la piscina.

¿El resultado? Pues ni fu ni fa. Un libro totalmente prescindible, que, por otro lado, tampoco pasa nada porque leas. Es decir, pasable

Más que de una historia de amor, El circo de la noche va sobre magia. De hecho, la mayor — y, en mi opinión, la mejor — parte del libro se sustenta en ella. Las ilusiones, las escenas maravillosas que se recopilan a lo largo del libro son preciosas y muy muy destacables. La imaginación de Erin Morgenstern y su capacidad de crear espacios mágicos y formidables es digna de tener muy en cuenta. Por ello, desde el punto de vista de la magia, el libro es fascinante y bastante rico. Me ha recordado, de hecho, a la Trilogía de la Niebla de Carlos Ruiz Zafón que, particularmente, me encantó.

Por lo demás, como historia de amor y como historia en sí, no puedo reseñar mucho más. La historia de amor es pasable y, en algunos momentos, llega a emocionar, pero tampoco en exceso. Todo se presenta de una manera un tanto descafeinada, a pesar de que los sentimientos que mueven a los personajes son, ante todo, muy intensos. O parecen serlo…

Quizás, la causa de que yo no haya llegado a emocionarme mínimamente ha residido en que no he llegado a enterarme muy bien de lo que realmente ocurría. Aunque es algo que supongo que la autora busca a lo largo de la novela — el no enterarte bien de qué va el reto, cómo se gana, cuándo se pierde, etc. —, al final todo es tan inexplicable que estás más atento a enterarte de algo que, realmente, a prestar atención a los detalles. Además, tanto flashback y tanto flashforward, teniendo que fijarte en la fecha de cada capítulo para discernir si estás antes o después de algo, cansa muchísimo y, al final, terminas perdiendo el hilo.

En definitiva, El circo de la noche es un libro estupendo desde el punto de vista de la ilusión y la imaginación. Si te pirran las descripciones de lugares imaginarios y mágicos, este es tu libro. Si no disfrutas con el mundo del circo y te dan un poco igual la fantasía, igual no lo es. En cualquier caso, es un libro entretenido y que se lee a buen ritmo. Eso sí, tal como lo terminas, lo olvidas… Ya sabéis, ni fu ni fa.