¿Adiós al libro de papel?

El Ebook: El demonio de nuestros días

El Ebook: El demonio de nuestros días

Estos días ando algo triste cuando pienso en los libros, y no es porque no me esté gustando “El primer hombre de Roma” de Colleen McCullough. Estoy tristona por el libro de papel que, según lo que comenta más de uno, acabará desapareciendo dentro de poco. ¿De quién es la culpa? Del ebook.

El libro, tal y como lo conocemos, a pesar de ser uno de los objetos de ocio más denostados, ha sobrevivido a siglos y siglos de lectores ingratos. Misteriosos contenedores de maravillas, sus historias se han reproducido hacia la saciedad. Los viejos relatos siguen y seguirán emocionándonos. El olor a libro, el perfume de un libro viejo, con sus páginas amarillentas, gastadas,… ¡quién puede resistirse! Desde pequeña, siempre quise poseer una buena biblioteca, y colocar todos mis libros, cuidadosamente alineados, presentándolos al mundo y a quien quisiera pasarse por mi casa. Resultado: libros amontonados, apilados, pequeños cubículos de saber por todos lados… ¡maravilloso!

¿Acabará el ebook con el libro? No me refiero ni a la comercialización, ni a la Literatura, ni a las editoriales. Hablo del soporte “libro” tal y como lo conocemos. Páginas y páginas impresas que recogen todo tipo de emociones e historias. ¿Acabarán desapareciendo? Desde mi fuero más interno, me resigno a pensar que los verdaderos lectores prefieran un aparato electrónico que sentir el tacto de un viejo amigo entre sus manos. Porque, al fin y al cabo, creo que los que adquieren un libro electrónico no son más que tecnócratas obnubilados con el prodigio y la novedad. Personas que se llevarán su aparatito al trabajo, al metro, al parque, tan sólo los primeros días y que muy pronto, al no ser lectores frecuentes, olvidarán su tesoro en el fondo del cajón más oscuro. Porque, una vez satisfecha la vanidad de proclamar que cuentan en su haber con más de 30.000 títulos (de los que no leerán ni un 1%) en las narices de todos los que llevamos años gastándonos los cuartos en nuestros adorados libros de papel, seguiran viviendo en la mediocridad de sus vidas tristes, desprovistas de fantasía, imaginación y, por supuesto, libros.